Imagen

Nuestra titular se bendijo en el Monasterio de Santa Paula el 12 de octubre de 1937, siendo realizada por José Fernández Andés para sustituir a la anterior titular atribuida al maestro Pedro Roldán, el cual fue enterrado en San Marcos bajo el altar de la Santísima Virgen en 1699.

 La talla de Nuestra Señora del Rosario fue realizada, como anteriormente hemos citado, en 1937 por Fernández Andés, quién la donó a la corporación. Se trata de una imagen de vestir de 1.54 m., estando la cabeza realizada en madera de caoba (algo inusual en la época de la que estamos hablando, ya que nos encontramos en plena Guerra Civil Española), mientras que las manos y el Niño son de madera de cedro.

 La imagen posee una expresión de gran dulzura y bondad mezclada con cierta melancolía en su mirada, como presintiendo el final que su Hijo tendría, para así redimir al pueblo cristiano. Las facciones presentan un correcto modelado, con líneas fisonómicas que se asemejan al de la Venus de Médicis. Los ojos son grandes y están delimitados por grandes pestañas, que cargan la mirada de una mayor expresividad, mientras que sus finas cejas se arquean dando así mayor sensación de alegría. La nariz es fina y de un bello modelado. Sus labios aparecen cerrados y esbozando un sonrisa, que aportan una mayor ternura y unción sagrada a este bello simulacro de la Madre de Dios. Posee la cabeza girada hacia la izquierda en ademán de mirar al Hijo, para así entablar una comunicación con Él. El pelo (aunque oculto bajo la peluca) está levemente tallado, y aparece recogido en la nuca con un pequeño moño, mostrándose con ello sólo la parte inferior de las orejas. La policromía que la imagen presenta responde al modelo andaluz, de tonalidades morenas, tan de moda entre los escultores de la época como Castillo Lastrucci o Illanes.

 Las manos están suavemente modeladas, con dedos finos, portando en su mano derecha el cetro de realeza (algo común en las imágenes letíficas de la ciudad) y al Divino Infante en la izquierda.

 La talla del Niño Jesús, es una graciosa obra realizada en madera de cedro, con una medida de 43 cms. Tiene una simpática expresión infantil, con unos pequeños ojos (de cristal) y leve sonrisa. La cabellera esta tallada en grandes ondulaciones y su cabeza se gira en busca de la de la Madre, entablando así un dialogo entre ambos. Esta totalmente tallado, estando cubierto con un paño realizado igualmente sobre la madera, a modo de paño de pureza. Sus piernas aparecen separadas estando la derecha en movimiento, dando así mayor dinamismo a la imagen. Sus brazos aparecen abiertos, en actitud de protección al pueblo; sosteniendo el Santo Rosario en su mano derecha. Posee una encarnadura similar a la de la Madre.

 La imagen de la Santísima Virgen no ha sufrido apenas intervenciones. La primera de las que se tiene constancia aparece recogida en el libro de cuentas de la Hermandad en una factura fechada en octubre de 1947, por el arreglo de las manos de la Virgen a Carlos Bravo Nogales, por una cantidad de 15 pesetas, desconociéndose el motivo o alcance de esta restauración. La segunda, fue realizada por Juan Manuel Miñarro en 1986. El objeto principal de la misma fue la consolidación del cuello y el resanado de erosiones y fisuras, sin alterar (ni siquiera limpiar) la policromía de la imagen. En esta restauración también se le sustituyó el candelero de la Virgen por uno de cedro, ya que el anterior era de pino y no se encontraba en buen estado de conservación; cambiándose igualmente los brazos, por otros del citado material.

 En el verano de 2002 se realizo la tercera, última y más importante intervención sobre las imágenes de la Virgen y el Niño, que hasta ahora han sufrido. Esta consistió principalmente en la limpieza y restauración de la policromía de ambas tallas, que presentaban un aspecto muy oscuro, debido a la oxidación de los barnices y pátinas de las mismas, y se procedió a la restauración del sistema de sujeción de la corona a la cabeza de la Virgen. La Santísima Virgen y el Divino Infante fueron repuestos al culto en la misa de Hermandad, del 2 de septiembre del mismo año.

 Como dato curioso cabe destacar la anotación en el libro de cuentas de la Hermandad tres facturas, además de la anteriormente mencionada a Bravo Nogales, fechadas en octubre de 1937 y que corresponden al sacado de puntos del Niño de la Virgen, al sacado de puntos de la cabeza de la Virgen y a los ojos de cristal de la misma. El importe total es de 210 pesetas, desglosadas en 125 pesetas por el Niño, 75 por la cabeza de la Virgen y 10 por los ojos.

Orfebrería

Comenzaremos por el conjunto que porta la Santísima Virgen en sus cultos solemnes y procesión anual por las calles de la feligresía. Se trata de un conjunto compuesto por corona, ráfaga, cetro, media luna y corona del Niño, realizado en plata sobredorada por los talleres de Hijos de Juan Fernández entre 1975 y 1981, a excepción de la ráfaga que proviene del Convento de Santa Clara de Sevilla.

 Sin duda la mejor pieza es la ráfaga de plata sobredorada, anónima de finales del siglo XVIII, principios del XIX. Como se ha dicho antes esta magnifica obra de orfebrería procede del convento de las Clarisas y destaca por su gran envergadura y su perfecta silueta en forma de ocho. La ráfaga se compone de dos partes bien diferenciadas, la orla y los rayos. La orla esta decorada a base de motivos florales que forman cartelas en las que se insertan cabezas de ángeles de plata, en su color, y estrellas. Los rayos que parten de esta son lisos y alternan dos tamaños, terminando a bisel. Fue adquirida y donada a la Hermandad en 1975 por Antonio Díaz. Desde entonces ha sufrido dos intervenciones, una realizada en los años 90 en el taller de Esquembre, dónde se doró, y otra en 2006 por parte del Taller de Orfebrería Amores. En esta intervención se restauró la ráfaga, reparándole rayos que se habían roto, se procedió a su reforzamiento y se le labró la orla de la parte posterior, con un dibujo en forma de nubes.

 La corona fue realizada en plata sobredorada en el Taller de Hijos de Juan Fernández, en 1975 y donada por Antonio Díaz. Destaca su original silueta apaisada, que le proporciona una gran personalidad. Esta compuesta por un gran canasto rematado por seis imperiales, teniendo una decoración floral y barroca como base. Igualmente posee labradas cuatro cartelas con emblemas marianos. El resplandor esta formado por una orla de nubes, con cabecitas de ángeles en plata (similares a los de la ráfaga) de la que parten los rayos, tanto lisos como flamígeros. Toda la obra se remata por una cruz con decoración de rocalla que se asienta sobre una bola del mundo. La corona ha sufrido varias restauraciones, la primera fue en 1976, cuando se le añadieron las estrellas y el nimbo con el Espíritu Santo, que remataba la cruz. Posteriormente, el taller de Esquembre la doró en dos ocasiones, y finalmente en 2006 Orfebrería Amores la restauró cambiándole el puente de sujeción, suprimiéndole las estrellas y situando el nimbo con el Espíritu Santo colgando dentro del canasto.

 El cetro y la media luna fueron realizadas en 1980 y 1981, respectivamente, en el taller de Hijos de Juan Fernández. Ambas obras son de plata sobredorada, presentando decoración barroca de flores y hojarasca. La media luna está centrada por el escudo dominico y rematada por dos estrellas. El cetro fue donado al igual que el resto de atributos por Antonio Díaz, mientras que la media luna fue una donación de José Luís Benítez Moreno.

 El Divino Infante posee una corona de decoración barroca, a juego con la de la Madre, en plata sobredorada, realizada en 1976 por Hijos de Juan Fernández. Igualmente posee dos juegos de sandalias en plata sobredorada, usadas ambas indistintamente para diario y cultos. Las más antiguas son de 1976 del mismo taller y las otras de Esquembre, realizadas en 2001, donación de la familia Castañeda-Grillo.

 Para el culto diario, la imagen posee un juego de atributos completo realizados en metal plateado, del que no se sabe su procedencia. La ráfaga que presenta un dibujo a base motivos florales, del que parten los rayos, se dice que perteneció a la Virgen del Carmen del templo del Buen Suceso que pereció en los acontecimientos de 1936. La corona, realizada en la primera mitad del siglo XX, responde al famoso modelo de la Concepción Grande de la Catedral, presentando una decoración a base de rocallas y estando orlada por diez estrellas. La corona del Niño, a juego con la de la Madre, sirvió de modelo para realizarle la de la coronación al Niño Jesús que porta en sus brazos la Virgen de la Hiniesta Gloriosa. El cetro y la media luna, presenta una decoración muy sencilla a base de grandes hojarascas, desconociéndose igualmente, su autoría y fechas de realización.

 Además de estos conjuntos, la Virgen posee un aro de metal dorado y repujado obra de Orfebrería Amores en 2006, al que se le añadieron las estrellas de plata dorada que se le eliminaron a la corona. Este lo luce la imagen en las fechas navideñas, cuando se instala el Belén. Igualmente, el Niño posee dos juegos de potencias, unas en plata dorada, obra del taller de Esquembre (2002), donadas por José María Linares Alonso, y otras de finales del siglo XIX, de plata en su color, recientemente restauradas por Javier Sobrado (2009) y regalo de un devoto. Además el recordado hermano y cofrade José Luis Benítez regaló para el Niño una corona de metal dorado, de pequeño formato, compuesta de canasto y decorada con pedrería verde, que data del siglo XIX y fue adquirida en un anticuario.

 Como curiosidad cabe destacar que los atributos de orfebrería de la Santísima Virgen han sido cedidos y lucidos por otras imágenes de la ciudad. Así pues, todo el conjunto dorado (a excepción del cetro) fue cedido a la Divina Pastora de la calle Amparo para sus cultos solemnes del mes de mayo. Igualmente la Virgen de los Dolores, de la Cofradía Servita, lució la ráfaga de salida en un quinario en su honor. La Divina Pastora de Capuchinos tuvo en su tradicional besamanos del 6 de enero, el cetro de Nuestra Madre, en la década de los años 80. Además de imágenes procesionales nuestros atributos han formado parte de exposiciones dedicadas al arte sacro, como la que organizó en 1988 la Caja de Ahorros San Fernando, bajo el título de “Mater Dolorosa”, y dónde estuvo expuesta la ráfaga de salida orlando a la bella dolorosa de la Iglesia de las Esclavas, de la calle Cervantes.

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